CARLOS BOBILLO, UN ESPAÑOL EN EL CORAZÓN DE ÁFRICA

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Carlos Bobillo es un español en el corazón de África. Desde hace un año vive en Burundi, uno de los países más pequeños de este continente, pero también, uno de los lugares donde el café lo es todo para su gente y la economía nacional. Bobillo dejó atrás su trabajo como abogado en Madrid y hoy día vive rodeado de cafetales, a la vez que procura contribuir en mejorar las condiciones de vida y oportunidades de la población burundesa. Se siente muy afortunado por estar viviendo esta experiencia y reclama más atención para el café de este país, con granos capaces de superar holgadamente la barrera mágica de los 90 puntos.

 ¿Qué hace Carlos Bobillo en el corazón de África?

Trabajo en Greenco, que es la principal empresa productora de café en Burundi. Además, intento aprovechar mi tiempo libre para viajar por este rincón del mundo tan maravilloso, para echar una mano a la ONG “ASU” (Asociación Solidaria Universitaria), cuando el trabajo me lo permite, y también para impulsar una escuela de rugby –la primera y única del país- que he montado para tratar de transmitir los valores de este deporte a un grupo formado por una veintena de niños. 

¿Qué le llevó a trasladarse a Burundi?

Es una larga historia…Hace ya diez años, siendo universitario, visité Burundi por primera vez como voluntario de “ASU”. Esta entidad había empezado a trabajar en el país poco después de finalizar la última de las guerras entre las etnias hutu y tutsi. Desde el primer momento, y sin ninguna razón aparente, sentí una conexión especial con el país. Volví una vez más, después otra, y así hasta que, tras acabar la carrera y trabajar unos años, decidí intentar cumplir mi sueño de pasar una temporada más larga en Burundi. Tras una serie de muchas casualidades, me surgió la oportunidad de trabajar en el sector del café, que es la principal economía del país, y de hacerlo además en la misma población a la que he venido siempre: Ngozi, la capital cafetera de Burundi. Es una pequeña ciudad situada en las montañas al norte del país, muy cerca de la frontera con Ruanda.

¿Cómo ha cambiado su trabajo en relación a su anterior etapa en España?¿Es la primera vez que vive expatriado?

Aunque he tenido la suerte de vivir varias experiencias en el extranjero, tanto por motivos de estudios como profesionales, creo que mi paso por Burundi supondrá probablemente un antes y un después en mi vida en todos los sentidos. En lo personal, porque Burundi (y especialmente las regiones cafeteras más adentradas en las montañas) es, en mi opinión, uno de esos últimos rincones vírgenes del planeta que conservan una cultura genuina y se mantienen al margen de la globalización. Así que, insisto, me considero un afortunado por poder vivir de cerca algo así antes de que desaparezca, probablemente de forma irreversible. En lo profesional, creo que se trata también de una gran experiencia por la posibilidad de tener un impacto directo en un sector con tantísima importancia para el país.

¿Qué es lo que más echa en falta?

En primer lugar, todas aquellas personas cercanas que he dejado en Madrid: familia, amigos, novia... Aunque algunas han venido a visitarme y cuando puedo me escapo a España para verles, creo que ahora empiezo a entender aquello de “no sabes cuánto tienes hasta que lo pierdes” (o en este caso, hasta que te alejas de ello). Y en segundo lugar, sin ninguna duda: ¡La comida!. Como buen español y amante de la buena mesa que soy, me temo que no podía ser de otra forma…

¿Cuál es su historia con el café?

La verdad es que es curioso que haya terminado dedicándome a este sector -algún amigo todavía me lo recuerda de vez en cuando-, pues hasta que entré en este mundo nunca había sido un gran apasionado del café. Ahora, sin embargo, no solo bebo casi un litro de café todos los días, si no que además me gusta experimentar con distintos orígenes, variedades, métodos de preparación… Si algo bueno tiene el café creo que es la infinita cantidad de variantes que ofrece, así como su capacidad para reinventarse y para estar atemporalmente de moda, lo cual es sin duda una gran ventaja para los amantes del café: una vez que te aficionas, parece misión casi imposible cansarse de él.

¿Qué le ha aportado el café profesionalmente y personalmente?

En lo profesional, lo que más me satisface es formar parte de una cadena de valor perfectamente tangible, que empieza con el cuidado de los cafetos y la formación de los agricultores meses antes de las primeras lluvias, y que acaba casi un año después, cargando pilas de sacos de café rumbo a los puertos de Mombasa y Dar es-Salam. En un entorno como el de Madrid, de donde yo provengo, dominado por la consultoría, banca y abogacía, no siempre es fácil saber en qué se traduce tu esfuerzo diario. Por el contrario, quizá lo más atractivo de esta profesión sea ver el enorme impacto que tiene nuestra labor aquí: en nuestro caso trabajamos con más de 70.000 agricultores, lo cual supone una influencia directa sobre la vida de casi medio millón de personas si contamos a sus familias. Aunque esto suponga un gran responsabilidad también, creo que el café, que es uno de los pocos productos provenientes del tercer mundo (sino el único) que se consumen a diario en el primer mundo, ofrece unas posibilidades enormes para el desarrollo de países tan pobres como Burundi, por lo cual me parece una suerte poder formar parte de un proyecto con tanto potencial como este.  

Por otra parte, en lo personal, le debo mucho al café, como contaba anteriormente, porque me ha permitido encontrar un trabajo maravilloso en Burundi, lo cual no es fácil, y de esta forma cumplir mi sueño de pasar una temporada larga en este país tan especial para mí.

¿Qué características de la taza burundesa destacaría?

La verdad es que casi cualquier región de Burundi tiene potencial para producir café de especialidad, sobre todo en el norte del país, donde las condiciones para el cultivo de café son idóneas: clima tropical acompañado de una temperatura suave, lluvias abundantes, miles de colinas situadas a gran altitud, suelo volcánico rico en nitrógeno…

En lo que se refiere a la taza burundesa, y sin ser un gran experto en la materia (aunque sí es cierto que pruebo varias docenas de cafés al día durante la época de cosecha), creo que la característica más representativas del café de Burundi es una acidez muy elevada, que se equilibra a la perfección con un sabor cítrico, muy afrutado, dulce y con ciertas notas florales en función de los perfiles.

¿Cuál es la producción de este país?, ¿Cuáles son sus principales países de destino?

En Burundi, a diferencia de lo que ocurre en otros países vecinos como Uganda, se produce exclusivamente café Arábica, de la variedad “Red bourbon”. La producción anual media de los últimos años se sitúa en torno a entre quince y veinte mil toneladas de café verde, aunque las cifras varían mucho tanto por factores climatológicos como por el curso de los precios internacionales del café, factor este último que desempeña un papel crucial a la hora de incentivar su cultivo por parte de los agricultores.

En cuanto a los países de destino, es difícil identificarlos a ciencia cierta, en parte por la falta de transparencia existente en el sector en Burundi, y en parte también porque al vender a grandes empresas tostadoras de café no siempre resulta sencillo saber dónde acaba el producto final. En nuestro caso, nuestros principales clientes se encuentran en los siguientes países: Estados Unidos, Canadá, Países Bajos, Bélgica, Italia, Suiza, Dubái, Corea, Japón, Australia y Nueva Zelanda.

 El café es el sector en el que están depositados todos los sueños y esperanzas de los burundeses para salir adelante

¿Qué papel juega este producto en la vida y la economía del país?

Me resulta difícil imaginar un país en el que el café tenga más impacto que en Burundi. En efecto, el café supone sin duda alguna la columna vertebral de la economía burundesa: el 90% de las exportaciones del país provienen del café y se estima que en torno al 40% de la población vive de su cultivo. Además, cabe señalar que de entre los más de setenta países productores de café que hay repartidos por el mundo Burundi es el más pobre de todos ellos, por lo que el café desempeña al mismo tiempo un doble papel fundamental en el país: no solo es el pilar más importante sobre el que reposa la economía de Burundi y que da de comer a gran parte de la población, sino que a su vez es el sector en el que están depositados todos los sueños y esperanzas de los burundeses para salir adelante…

¿Burundi cuenta con un sector del café estructurado y bien organizado?, ¿Qué papel juega la empresa extranjera en este escenario?

Al tratarse de un sector estratégico para la economía, como comentaba anteriormente, Burundi cuenta en efecto con diversos organismos que tienen como misión regular, supervisar y potenciar el desarrollo del sector del café. 

Pese a ello, creo que la empresa extranjera, aunque es casi inexistente en el país, juega también un papel esencial al servir de referencia a los productores locales sobre el nivel de exigencia que debe seguirse en todas y cada una de las operaciones de producción y exportación para alcanzar un café que se distinga del de otros orígenes competidores. En este sentido, la empresa extranjera permite entender a los burundeses que su café compite con el de otros setenta países -lo cual no siempre les resulta evidente-, la mayor parte de los cuales organiza la producción bajo un sistema de latifundios y con una mecanización mucho mayor, por lo que resulta fundamental ser extremadamente minucioso en todas y cada una de las etapas de la producción para poder competir tanto en precio como en calidad.

Además, la empresa extranjera se caracteriza generalmente por una mayor inquietud por la sostenibilidad al tener que cumplir con distintos estándares de certificación. Esto significa que se busca una producción duradera en el tiempo, caracterizada por la aplicación de buenas prácticas agrícolas y con el objetivo de mejorar el rendimiento de las plantaciones. Significa, asimismo, que se paga a los agricultores por encima del precio mínimo, y que se hace al contado y justo después de la compra del fruto, sin que tengan que esperar durante meses a que la empresa productora reciba sus primeros ingresos por la venta de café verde. Todo esto resulta fundamental para el país: frente a otros cultivos que se venden localmente, el café se presenta como una alternativa que supone una fuente de ahorro e inversión, lo que permite romper el círculo vicioso de la economía de subsistencia. 

Desde el punto de vista de su conocimiento del café en origen, ¿Qué cree que debería hacer Burundi para que su café ocupara un lugar destacado en el mercado del café?

Debido al pequeño tamaño del país, parece difícil que Burundi pueda llegar a ocupar un lugar destacado en el mercado del café en lo que a volumen de producción se refiere. Sin embargo, sí estoy plenamente convencido de que el café de Burundi puede llegar a ser reconocido como uno de los mejores del mundo. Así pues, en mi opinión, el futuro del café de Burundi está en su calidad.

Es cierto que al haberse subido al tren del café de especialidad muy recientemente, el margen de mejora del café de Burundi aún es amplio. No obstante, en las “Cup of Excellence” celebradas en los últimos años, es habitual ver a varios cafés de Burundi superar holgadamente la barrera mágica de los 90 puntos, y esta es la razón por la que Burundi ya empieza a ser conocido como el último descubrimiento entre los expertos en la materia. Para continuar con esta tendencia y llegar al gran público, es inevitable hacer una fuerte inversión en marketing: aunque el café de Burundi no tiene nada que envidiar al de otros orígenes considerados como de calidad superior por el consumidor medio, como pueden ser Etiopía o Colombia, resulta complicado posicionarse en el mercado cuando la gente no te sitúa en el mapa o ni siquiera sabe que eres un país… 

¿Cuáles son las expectativas de futuro de este origen?

Durante los últimos años, Burundi ha conocido infinidad de problemas, tanto a nivel político como en lo que a la producción de café se refiere: conflictos por la tierra debido a la existencia de minifundios y a la altísima tasa de natalidad existente –una de las más altas del mundo-, plantaciones muy envejecidas, aplicación de malas prácticas agrícolas, competencia de otros cultivos, desinterés de los jóvenes por la agricultura, falta de inversión extranjera… Pese a todo ello, el café ha conseguido sortear todos esos obstáculos hasta ir haciéndose poco a poco un pequeño nombre en la escena internacional, particularmente en lo que se refiere al café de especialidad. Por todo ello, creo que debemos ser optimistas: si todo esto se ha conseguido en medio de la adversidad, ¿De qué no será capaz es el café de Burundi?

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