LA CALIDAD DEL CAFÉ: UNA CUESTIÓN, TAMBIÉN, DE GÉNERO

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Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, en la producción mundial de alimentos, predominan las mujeres, 50-80%, aunque poseen menos del 10% de la tierra. En el caso concreto del café, las caficultoras constituyen la mayoría de los aproximadamente 25 millones de productores de café en el mundo. Aún y así, esta actividad es percibida como una labor masculina y ello explica por qué siendo las mu- jeres quienes realizan la mayor parte de las actividades productivas, son los hombres quienes más provecho obtienen, tanto de los programas de formación sobre prácticas sostenibles, como de insumos, ingresos y otros beneficios que genera la comercialización del café. Esta situación de inequidad da origen a muchas ineficiencias, que son visibles en la cadena de valor del café y que obstaculizan el desarrollo del sector en lo general y de la producción en lo particular.

Del mismo modo, es evidente que en muchos países productores está disminuyendo la presencia de jóvenes en las fincas, ya que no están lo suficientemente motivados por la inseguridad existente sobre la propiedad de la tierra y de los cultivos, el poco acceso a la formación técnica y a los beneficios que se derivan de la comercialización del café. Esta tendencia de los jóvenes a abandonar las zonas rurales para buscar empleo en las ciudades plantea un gran riesgo a la continuidad de la caficultura y del sector cafetalero en su conjunto, también.

Es por todo ello, por el poco empoderamiento de las mujeres y por la fuga continuada de mano de obra joven a otros sectores, que cada vez toma más fuerza una nueva corriente de entidades y organizaciones del ámbito de la cooperación y la solidaridad que abogan por abordar los retos presentes y futuros del café, no sólo desde el punto de vista de la sostenibilidad de los cultivos, el cambio climático, la calidad, el incremento de la producción o la investigación,... sino, también, desde el punto de vista de la inclusión: alentando la incorporación de jóvenes a la actividad cafetalera y contribuyendo al empoderamiento social y económico de las mujeres.


APLICANDO LAS LENTES DEL GÉNERO AL CAFÉ

Según la FAO, las mujeres agricultoras producen entre un 20 y 30% menos que los hombres, pero no por falta de un buen manejo o porque trabajen menos. La razón principal de esta brecha es que los hombres tienen acceso a recursos que pocas veces están disponibles para las mujeres agricultoras, tales como tierra, financiamiento y tecnología, entre otros. Además, las mujeres no reciben de manera equitativa, los beneficios que les corresponden en materia de formación, información y conocimiento y todo ello les relega a un segundo papel, restándoles empoderamiento, es decir, capacidad para tomar decisiones de manera consciente sobre la propia vida y su trabajo y actuar en consecuencia para alcanzar las metas deseadas.

En el ámbito familiar los ingresos por la venta de café se perciben como propiedad de los hombres quienes deciden en qué, cómo y cuándo utilizarlos. Además, y según datos de la FAO, el dinero que perciben las mujeres por la venta de sus productos agrícolas, incluido el café y artesanías lo destinan a cubrir las necesidades de su hogar, mientras los hombres utilizan como mínimo el 25% de sus ingresos en otros fines, una situación esta, que más allá de afectar a las economías familiares de las familias caficultoras, tiene también sus consecuencias en la cantidad y calidad del café que llega al mercado.

Para explicar esta cuestión, nada mejor que un caso real y ejemplificador, concretamente el de la cooperativa Bukonzo de Uganda, que a punto de desaparecer por falta de cafés decidieron tomar cartas en el asunto, descubriendo que la necesidad de las mujeres de disponer de ciertos recursos propios estaba desviando parte de las cosechas de sus cooperativistas y rebajando, también, su calidad.

LOS BENEFICIOS QUE OBTIENE LA MUJER DE LA CAFICULTURA VAN DEDICADOS A LA FAMILIA. MÁS DEL 25% DE LOS BENEFICIOS DE LOS HOMBRES SON PARA GASTOS PROPIOS

Para hacerlos se sumaron al programa del Sistema de Aprendizaje Acción en Género, GALS de Hivos, (organización internacional e ayuda al desarrollo), fundamentado en un decálogo de enfoques y herramientas para la inclusión de mujeres y jóvenes en la producción del café y que demostró que las mujeres de la cooperativa optaban por salidas alternativas a la venta del café al grupo para disponer de algunos ingresos extras. En reuniones con sus miembros se evidenció que los hombres consideraban que el café era un cultivo masculino, a pesar de que eran las mujeres las que administraban las fincas y realizaban las labores de cosecha, despulpe y secado del grano. Era así, que los hombres recibían los pagos por el café y eran ellos, también, los que utilizaban las ganancias en sus necesidades e intereses. El estudio sacó a la luz que las mujeres optaban por guardarse, entonces, parte de la cosecha, muchas veces sin que el grano estuviese maduro, para venderla directamente a los comerciantes y no a la cooperativa y poder así disponer de ingresos propios. En consecuencia, además de modificar de forma involuntaria, la cadena de valor de la productividad del café, tanto en cantidad como en calidad, los ingresos eran menores y se incrementaba la desconfianza y la violencia en el hogar.

Con esta situación sobre la mesa, y a través del programa del Sistema de Aprendizaje Acción en Género, GALS, la Cooperativa Mixta Bukonzo ha pasado por procesos de cambio. Se organizaron capacitaciones para la sensibilización de las familias mediante el desarrollo de la actividad de mapeo, destacando las ventajas de la responsabilidad familiar compartida y la toma de decisiones conjuntas para el bienestar de la familia. Si las mujeres y los hombres deciden de manera conjunta sobre los ingresos que les genera el café, tienen un in- centivo para producir juntos un mejor café (en cuanto a calidad y cantidad).

EN ALGUNOS PAISES LAS MUJERES VENDEN CAFÉ VERDE NO MADURO A ESCONDIDAS DE SU MARIDO PARA PODER DISPONER DE ALGO DE INGRESOS PROPIOS

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Actualmente los hombres y mujeres de la Cooperativa Mixta Bukonzo comparten más las tareas en la finca, han optado por la propiedad conjunta de la tierra y la toma de decisiones en común sobre los ingresos, lo que ha reducido los conflictos de género, mejorado los niveles productivos, la eficiencia en la división del trabajo, disminuido los gastos improductivos y las ventas fuera de la cooperativa y ha incrementado de forma significativa la calidad del café que producen. Otro buen ejemplo de las muchas ventajas de la equidad hombres/mujeres en el mundo del café, con be- neficio directo no sólo sobre las personas que lo producen sino sobre su calidad, es el de una cooperativa del norte de Nicaragua, también adscrita al sistema GALS, en la que centrándose en la contribución de hombres y mujeres a la calidad del café, se ha conseguido establecer la formación sistemática no sólo de los caficultores sino de sus esposas, también.

En el caso de esta cooperativa, la herramienta reveló que las mujeres eran las que llevaban a cabo las actividades clave relacionadas con la calidad tanto en la recolección como en la fase de beneficiado húmedo dentro de la finca familiar y demostró, también, que eran ellas las que más conciencia tenían sobre la importancia del momento adecuado del proceso de fermentación y secado, algo clave por su influencia en la calidad del café.

Sin embargo, al reflexionar sobre los beneficios de todo este trabajo y conocimiento, se dieron cuenta de que las ganancias consideradas para las mujeres eran en su mayoría beneficios de carácter familiar, sin un impacto directo sobre los activos de las mujeres, mientras que los hombres al recibir más beneficios de la producción de café, aumentaban su patrimonio individual, tanto en desarrollo personal (habilidades y autoestima), como productivos, financieros y políticos.

Como resultado de este ejercicio, las mujeres propusieron que la cooperativa debían garantizar la capacitación para las parejas y no sólo para los socios de la cooperativa. La sensibilización sobre las relaciones de género dentro de las familias productoras de café reforzó la autoconciencia de las mujeres en cuanto a su contribución a la calidad del café y la economía familiar, la desigualdad en cuanto a beneficios recibidos y su derecho a recibir más beneficios. Esta conciencia de sí mismas les ofreció una mayor capacidad de negociación dentro de sus familias en relación con los ingresos por el café y otros beneficios vinculados.

LA CAFICULTURA ES PERCIBIDA COMO UNA LABOR MASCULINA, AUNQUE LAS MUJERES REALIZAN LA MAYOR PARTE DEL TRABAJO EN LAS FINCAS DE CAFÉ

En uno y otro caso, el cambio de status de la mujer ha posibilitado que tanto ellas como los hombres sean más felices, e inspiren a que los jóvenes de su comunidad se propongan un futuro en el sector café, otra de las cuestiones claves para asegurar un futuro al café.

APLICANDO EL ENFOQUE DE LA JUVENTUD AL CAFÉ

Ahora bien, en comparación con el trabajo sobre género en la agricultura, el tema de juventud es relativamente nuevo, aunque cada vez recibe mayor atención. Organizaciones como USAID y el Banco Mundial han comenzado a estudiar la situación de la juventud rural y de las agencias de desarrollo. De igual manera, varias empresas han iniciado proyectos pilotos dirigidos a jóvenes agricultores/as. Estos esfuerzos generan muchas tendencias y desafíos que dan lugar a nuevos enfoques viables.

Un hecho generalmente aceptado es que el cambio estructural está teniendo lugar y que los países productores de café están transitando de una economía rural a una de servicios. A pesar de esta tendencia, el café continúa siendo un producto importante. No obstante, la edad promedio de los productores de café está aumentando y los jóvenes están abandonando las zonas rurales por una vida más dinámica y en busca de empleo en las ciudades o en el extranjero. La migración de la juventud es lenta y no siempre es visible a corto plazo, pero a la producción de café, si no logramos asegurarnos nuevas generaciones de caficultores, un reto que irremediablemente se presenta asociado a la cuestión de “cómo impulsar el potencial de la juventud rural”. La respuesta de los primeros estudios en profundidad sobre el tema, como el realizado por la USAID, es la misma: a través de la innovación tecnológica. Y es que cuando la producción del café incorpora innovaciones tecnológicas y los servicios se ofrecen de una manera profesional, la producción y el comercio del café pueden generar buenos rendimientos y proporcionar la motivación suficiente para permanecer en las zonas rurales. El mayor obstáculo es la falta de acceso a la tierra y a los beneficios.

Los estudios realizados y los programas piloto muestran que pocos o ningún/ninguna joven es propietario/a de plantas de café, y tampoco son contratados formalmente en las fincas cafetaleras. Esto ocurre, en parte, por tradiciones que prevalecen sobre la herencia, que impiden el tras- paso legal de la propiedad familiar a miembros jóvenes de las familias, restringiendo con ello sus potencialidades para trabajar en sus propias fincas, dirigir trabajadores/as, parti- cipar en los cursos de capacitación o acceder a créditos y herramientas para aplicar métodos productivos innovadores.

También debe tenerse en cuenta que el pago que reciben por el trabajo que desempeñan no les motiva a involucrarse más activamente en la producción de café y tampoco el hecho de no contar con presencia activa en cooperativas y asociaciones de caficultores.

Pero si todo esto es abordado de manera efectiva, la juventud ha sido identificada como un elemento catalizador ideal para el cambio, dada su tendencia y disposición a adoptar nuevas ideas, conceptos y tecnologías.

Fuente: Hivos, Fair & Sustainable Advisory Services, Agri-ProFocus, IDH